LA ATLANTIDA. 3ª PARTE

LA ATLANTIDA.

La historia de la Atlántida que relato a continuación se basa en la traducción que el egiptólogo Albert Slosman hizo de antiguos manuscritos, además de en su exclusivo desciframiento de los jeroglíficos inscritos en los templos.

Ahora vamos a retroceder ahora a 21312 a.C, año en que se produjo un hecho terrible. En este tiempo, Aha-Men-Ptah (la Atlántida) tenía un clima templado. Vastos bosques cubrían el norte del país. Ocasionalmente nevaba y el hielo era un fenómeno casi desconocido. En el sur, predominaba una exuberante vegetación durante todo el año.

Los habitantes tenían conocimiento del movimiento de la Tierra alrededor del Sol y del desplazamiento del zodiaco, por eso pudieron transmitirnos lo que sucedió en aquellos días. En menos de una hora se produjo una catástrofe. No incluyó una inversión total de los polos, como la ocurrida en el año 9792 a.C, sino parcial. No sólo el continente sino la Tierra entera estuvieron sujetos a enormes terremotos. Entonces, el eje del planeta empezó a deslizarse. Los edificios se derrumbaron, las montañas temblaron y se desmoronaron, mientras el mundo parecía colapsar. Antes de esto, el Sol salía a 15 grados de Sagitario. Después de que los elementos se agotaran en su lucha, ;el eje de la Tierra se había movido hacia el final de Acuario!

Fig 7. Zodiaco Tropical-Sideral Era Sagitario 15º. 21.312 a.C.

Este movimiento del planeta llenó los mares con una enorme cantidad de energía cinética. Incontrolables corrientes de agua inundaron inmensas partes de la tierra. La Atlántida se hundió por debajo del nivel del mar, y debido al corrimiento de la tierra fue a parar parcialmente bajo lo que entonces era el Polo Norte y quedó cubierta por una gruesa capa de hielo.

A partir de ese día comenzó la verdadera historia de la Atlántida. Los pocos supervivientes se reagruparon en el sur, dado que el norte se había tornado inhabitable. Sin embargo, si bien el gran norte había desaparecido, la Atlántida seguía siendo muchas veces mayor que Europa. Profundamente conmovidos, decidieron estudiar el cielo con más precisión que antes y registraron en detalle un intervalo de tiempo específico. Todos los movimientos y combinaciones del Sol, la Luna y los planetas fueron registrados con minuciosidad y reproducidos gráficamente en rollos.

Ahora, le prestaban especial atención al movimiento del zodíaco, y estudiaban y describían con intensidad hasta el más mínimo detalle. Bien podía ser que en este movimiento se ocultara una clave acerca de lo que había conducido a la catástrofe. Vieron que las estrellas y el Sol siempre salían por el Oeste (actualmente salen por el Este) y que las estrellas necesitaban toda una noche para cruzar el cielo. Además, notaron que los distintos signos estelares se veían en diferentes estaciones. Nunca sucedió que un nuevo signo surgiera súbitamente por el Oeste. Todo evidenciaba un orden y una regularidad predecibles, que los aliviaban ante la pérdida de todo lo que había muerto en la catástrofe. Con el paso del tiempo, descubrieron otros fenómenos estelares. Más aún, volvieron a investigar con suma curiosidad la constelación de Orion y la estrella Sirio. Si usted pudiera ver en mi computadora el cielo estrellado después de la catástrofe, vería que es bastante lógico. En esa época, Orion regía principalmente el cielo estrellado del norte y sur de la Tierra; además, era la constelación más claramente visible. Sirio, la gran estrella brillante, estaba alineada con Orion y el zodíaco, por eso le prestaban tanta atención.

A medida que progresaron en los conocimientos adquiridos y en el uso racional de las materias primas, decidieron erigir edificios religiosos. Esto condujo a una superconstrucción con un diámetro de ocho kilómetros: el “Círculo de Oro”, que les llevó cientos de años completar.

En este edificio indescriptiblemente gigantesco, los “expertos del número” estudiaron las “combinaciones matemáticas celestes” y se registraron todas las observaciones astronómicas y de otro tipo; observaron el Sol, los planetas y las estrellas. Descubrieron las leyes del movimiento, la gravedad, la cartografía e innumerables ciencias. Hace más de quince mil años, formularon el mundialmente famoso teorema de Pitágoras y desarrollaron las matemáticas casi hasta nuestro nivel actual. Por último, esto condujo a develar el mayor secreto de las ciencias: la teoría del ciclo de las manchas solares. Por medio de la deducción precisa pudieron calcular los ciclos con anticipación. El tema crítico era los campos magnéticos del Sol: cuando éstos alcanzan un punto crucial, se producen enormes explosiones o erupciones solares capaces de revertir el campo magnético de la Tierra. Con la ayuda de este conocimiento, pudieron calcular la fecha exacta de un “gran cataclismo” futuro que destruiría completamente su país.

En el año 10000 a.C. un sumo sacerdote dio la señal para realizar un enorme éxodo, porque la catástrofe era inminente.

La Gran Esfinge, por ejemplo, está retratada como un león porque la catástrofe anterior ocurrió en la era del León. En el zodíaco de Dendera hay líneas quebradas debajo del león, que simbolizan una enorme ola.

 

Fig 8. La esfinge de Gizeh es un León que marca el Equinoccio de primavera o 0º Aries Tropical en la Era de Leo.

 

Fig 9. En el Zodiaco de Dendera se pueden ver a 2 leones en direcciones opuestas. El León Oeste tiene en las patas el jeroglífico del cataclismo.

Albert Slosman tradujo este material de las sagradas escrituras que están grabadas en forma de jeroglíficos.

Neftis le enseñaba a su hermana gemela: “Los signos celestiales nos servirán de guía y nos permitirán descubrir por qué hemos pecado contra las leyes de Dios. El Gran Poder, el León, nos dominó y entonces se produjo la destrucción. Hace mucho tiempo ocurrió un desastre similar, bajo las mismas circunstancias, y Dios quiere que lo comprendamos. Por eso nos enseñó, manifestándose por medio del Sol, y el León fue su verdugo. Ahora, recibimos conexiones armónicas de una nueva alianza con el León y su doble, para mostrarnos que el Sol ahora se mueve en sentido inverso en el León. Sólo el Descendiente  puede crear la existencia de este lazo entre su pueblo y su Padre, Dios. Ni bien tu hijo se recupere, será iniciado como Per-Aha y por medio de esta iniciación podrá restablecerse la Alianza con los Doce. Este lazo une la Tierra con los Cielos y protegerá a nuestro pueblo para siempre. El día que este vínculo se rompa, una catástrofe más horrible todavía destruirá nuestra civilización. No quedará nada más que piedras como símbolo de un glorioso pasado”. Estas últimas palabras continuaron resonando de manera siniestra en los pensamientos de Isis y ella nunca las olvidaría.

Mientras tanto, no había límites en el entusiasmo de la gente por la resurrección de su rey. En ese momento, Isis todavía no sabía que su marido había regresado con una tarea especial, la de enseñar a su hijo Horus y dejarlo apto para gobernar al pueblo elegido de Dios. Sólo de esta manera las leyes y los Mandamientos de Dios serían bien comprendidos y respetados. Al día siguiente, Osiris comenzó con las lecciones.

 —Hijo, pronto te recuperarás. Tus ojos simbolizarán el despertar de la nueva historia. A partir de mañana serás el protector del pueblo, porque tus ojos habrán recobrado la vista por completo. El símbolo del día será tu ojo izquierdo, que el Sol protegerá mientras navega el Gran Arroyo Celestial. Tu otro ojo cerrado será el Justificador de la noche, allí donde el tiempo pasa dubitativamente. Hasta el fin de los tiempos serás el Guía de tu pueblo.

—¡Pero, padre, tú aún estás entre nosotros! Es tu deber guiar a nuestro pueblo.

—Hijo, mis días están contados. Estoy aquí para enseñarte los símbolos sagrados y su significado. Mira el mar, Horus: se ha calmado, pero ya no es lo que solía ser, porque el Sol ahora se asoma del otro lado; un nuevo ciclo ha empezado…

—Recuerdo muy bien las profecías de tu padre, Geb —respondió Horus— y todas se han cumplido… ¿Por qué tuvo que sucedemos esto?

—Para que la gente comprenda; tiene que ver con nuestro compromiso con Dios, que es muy frágil y que nos deparó esta tragedia.

—¿Qué quieres decir, padre querido?

—Para estar nuevamente conectados por completo con nuestro Creador, debemos volver a respetar sus mandamientos; nuestras fuentes de conocimiento espiritual deben convertirse en una; por lo tanto, debemos basarnos en las nuevas “combinaciones matemáticas celestes” que nos permitirán volver a vivir en armonía con el movimiento del cielo.

Tu único propósito es evitar que esto vuelva a empezar. Todos deben sentir de verdad que tienen la protección de Dios para toda la vida. Más aún, es necesario enseñarles a todos con suma prioridad hasta la noche de los tiempos, más allá del gobierno que impere. Por lo tanto, debes esculpir las leyes de Dios en estas rocas indestructibles, como también la historia del gran cataclismo anterior, con su fecha precisa y sus consecuencias. Los dos leones que miran hacia horizontes opuestos, con el sol entre ambos, serán el símbolo que las generaciones más jóvenes comprenderán.

Fig 10. Jeroglifico del Zep Tepi o Tiempo Primordial

25.920: el número sagrado de los atlantes para el zodíaco

 Como habrá leído en mi libro anterior, el número 25.920 no sólo representa la duración de un ciclo zodiacal completo, sino también la cantidad de años de existencia de la Atlántida. En total se produjeron tres catástrofes en la historia de este legendario imperio, y con la tercera, cuyos códigos ahora estaba descifrando, el país fue barrido por completo del mapa. Exactamente, transcurrieron 25.920 años desde el establecimiento de la Atlántida. Antes de la catástrofe, los sumos sacerdotes habían calculado con exactitud que el imperio sería destruido en su totalidad. Aha-Men-Ptah -nombre verdadero y original- se convertiría tan sólo en una tierra de sombras.

La precesión de los equinoccios o, más todavía, el desplazamiento del zodíaco está en el centro de ellos, y el número 25.920 aparece en todo el mundo, una y otra vez. En Egipto, la Gran Pirámide es un ejemplo de construcción en la que se ocultan importantes números sobre el desplazamiento del zodíaco, y esto en sí mismo no puede ser casual porque los egipcios se originaron en una civilización sumamente evolucionada.

72: el número sagrado

Desde este punto de vista, es probable que se hayan podido asimilar mucho más de estos códigos en esta construcción, y ése es el caso. Investigando un poco, inmediatamente se obtienen evidencias diferentes que comprueban que el número de precesión está oculto en la Gran Pirámide. En ella se descubre un ángulo de 72 grados, que conduce al numero 25.920. Si multiplicamos 72 x 360 obtenemos 25.920, es decir, el número de precesión.

EL CÓDIGO OCULTO EN EL INTERVALO ENTRE LOS CATACLISMOS

En las páginas anteriores leyó sobre la historia de Aha-Men-Ptah, que fonéticamente se convirtió en Atlántida. También leyó sobre la catástrofe que ocurrió en el año 21312 a.C, cuando la Atlántida quedó parcialmente cubierta de nieve y hielo en el Polo Norte. En 9792 a.C. los polos se invirtieron y se produjo un desplazamiento de la corteza terrestre. En una sola noche Aha-Men-Ptah desapareció bajo el actual Polo Sur. El período entre los dos cataclismos (un rápido desplazamiento y una inversión) fue de 11.520 años. La más reciente de esas catástrofes definitivamente ocurrió porque el año 9792 a.C. guarda correlación con el código estelar mencionado en el Libro Egipcio de los Muertos. Durante varios meses en ese año, Venus hizo un movimiento retrógrado tras el signo de Géminis, a la izquierda y encima de la constelación de Orion


En los códices mayas, el número 365 es crucial. Más adelante, en otros capítulos, demostraré que los mayas conocían el período exacto de la órbita terrestre alrededor del Sol: 365,2422 días. Sin embargo, dado que sólo los sumos sacerdotes tenían permiso para acceder a este tipo de información, ésta era guardada en el más absoluto secreto.

Los antiguos sacerdotes de Aha-Men-Ptah habían sondeado y comprendido muchas verdades que mantuvieron en secreto; sabían acerca de la existencia de los ciclos tanto en el universo como en la Tierra. Luego de un ciclo, aparecía otro que traía vida nuevamente, pero en una diferente proyección del espacio. Esto significa que la Tierra nunca es la misma; por el contrario, hoy es totalmente distinta de como era en períodos anteriores. Esto también se aplica a todos los seres que hay en ella, porque nuestro planeta evoluciona junto con todos los seres vivientes que contiene, según el ritmo del Sol y el movimiento de las doce constelaciones del zodiaco. Estas nuevas combinaciones se forman día a día, segundo a segundo, y tienen incidencia en el futuro.

EL NACIMIENTO DEL SOL

El 21 de marzo, primer día de la primavera, el Sol se encuentra siempre en el mismo sitio, tanto en altura como en latitud; nace en el mismo lugar del horizonte y llega a su punto de máxima altura también en el mismo lugar. A partir de este hecho, los antiguos científicos calcularon la precesión del zodíaco.

Hasta aquí todo es normal, pero ¿había sido siempre de la misma manera? ¿El Sol siempre había nacido en el mismo sitio? En las antiguas escrituras podemos encontrar testimonios de catástrofes que hicieron que la Tierra “se diera vuelta”. Después de eso, nada fue igual. Esta alucinante frase proviene del Libro Egipcio de los Muertos: “Puse el Sol en un nuevo horizonte”.

En su informe sobre Egipto, Heródoto escribió una nota marginal sumamente enigmática. Literalmente dice que los egipcios le habían asegurado “que el Sol nació dos veces en donde ahora se oculta”. Hasta ahora los científicos han ignorado este sorprendente comentario y se distancian de él lacónicamente.

Por supuesto que usted puede cuestionar la credibilidad de las afirmaciones de los sacerdotes; tiene todo el derecho de hacerlo. También se puede poner en duda la exactitud de la trascripción de Heródoto. Aun así, ello no aclarará las cosas pues un escritor latino, Pomponio Mela, escribió en el primer siglo lo siguiente:

“En los auténticos anales de los egipcios se puede leer que el curso de las estrellas ha cambiado de dirección en cuatro oportunidades, y que el Sol sepuso dos veces en donde ahora nace” [De situ orhis: 9,8). Aquí, Mela corrobora lo que escribió Heródoto. ¡No sólo el Sol sino también las estrellas cambiaron la dirección de sus trayectorias! Cuando pensamos en esto, se produce un nuevo código. En lugar de aparecer en el Este, lo hizo en el Oeste y viceversa.

Ya ha sucedido antes muchas veces, según lo prueban los textos de la pirámide traducidos por K. Piehl en su libro Inscriptions Hiéroglyphiques [Inscripciones jeroglíficas] (“L’ouest qui est á FOccident” [El oeste que está en Occidente], p 65): “La fuente de la luz cesó de vivir en el Oeste. Una nueva ahora aparece en el Este”. Un poco más adelante, el texto aclara lo siguiente: “El Oeste, es decir, donde el Sol se pone”. En tiempos pasados, esto era al revés. En los Ancient Records ofEgipt, Part III [Antiguos Archivos de Egipto, III Parte], de Breasted, las inscripciones inequívocamente explican lo siguiente: “Ella, Harakhte, nace en el Oeste”. Harakhte es el nombre egipcio para el Sol en el Oeste. 

 

Fig 12. Precesión de los Equinoccios

EL LEGADO ATLANTE

Cuando observamos los cálculos “sagrados” de los mayas y de los antiguos egipcios, descubrimos de inmediato que ¡estaban basados en la escala denaria que hoy conocemos! Las similitudes emanan de la manera actual de sumar, restar, dividir y multiplicar. Esto significa que nuestro actual sistema es herencia de los atlantes, y que nos ha sido transmitido por los sobrevivientes. De ahí que la lista de legado de la Atlántida se haga muy larga. Además de la cronología (segundos, minutos y horas), los atlantes nos dieron la astronomía, los 360 grados del círculo, el volumen de la pirámide, el ciclo de las manchas solares, la arquitectura, el arte de escribir y ahora, la escala denaria. Es todo un logro para una civilización completamente olvidada.

Aha – el Primogénito

En los albores de los Elegidos, nació un “Primogénito” con dones especiales, cuyo nombre fue Aha. Enseñó la Divina Ley de la Creación y por esta razón, miles de años más tarde, todos los reyes de las dinastías egipcias llevaron el nombre de Per-Aha (‘descendiente del Primogénito’), término que los griegos cambiaron fonéticamente por “faraón”. Estos descendientes del Primogénito sabían que estaban hechos a imagen y semejanza de su Creador. Por lo tanto, para ellos era de vital importancia vivir según las Leyes Celestiales. Una alianza consagraría la armonía.

No obstante, con el paso del tiempo, parte de sus conocimientos fue desapareciendo. El hombre se sintió Dios, lo que condujo a la gran catástrofe del año 9792 a.C. Una inmensa ola gigante arrasó con decenas de millones de Elegidos del Creador y, a partir de aquí, esta tierra marchita de Aha-Men-Ptah llevó el nombre de “Imperio de los Muertos en la Otra Vida”.

Profundamente conmocionados, los sobrevivientes decidieron celebrar una nueva alianza con el Creador; le agradecieron por haber sobrevivido y le pidieron perdón por sus faltas. A fin de lograr la paz eterna en la Tierra, esta vez su tratado sería indestructible. Escribieron todo con sumo cuidado para crear lazos inquebrantables para siempre, y por esta razón puede rastrearse su éxodo.

Desde las costas de Marruecos, donde desembarcaron con sus mandjits (botes que no podían hundirse), siguieron una exacta ruta delineada hacia Egipto, en una travesía que duró miles de años, permaneciendo siempre en el mismo grado de latitud. Esto lo hicieron los seguidores de Horus y también los rebeldes de Seth.

Fig 13. Los supervivientes de la Atlántida navegando en los Mandjits

Los sumos sacerdotes tenían el mismo origen étnico y, después de estudiar el cielo estrellado, arribaron a conclusiones similares, dado que no debían perturbarse las Leyes Celestiales. Ath-Ka-Ptah, el “Segundo Corazón de Dios”, es la personificación de la llama eterna, que se elevó de las cenizas, gracias a Osiris, el Primogénito, y sus descendientes.

Sin embargo, a medida que pasaron los años, aparecieron fracturas en la alianza y la gente olvidó sus compromisos. Este extenuante y trágico período fue más desenfrenado que la más alocada imaginación: durante más de cinco mil años los clanes de Seth y Horus lucharon entre sí. Estos alucinantes enfrentamientos no terminaron hasta que llegaron a la Tierra Prometida.

Las antiguas crónicas cuentan exultantes sobre la llegada a Ath-Ka-Ptah (Egipto), el “Segundo Corazón de Dios”. Además, los clanes se unieron en un momento en que las estrellas y los planetas estaban en una posición favorable; una nueva era podía empezar.

La influencia de la terrible catástrofe puede observarse en todos los edificios construidos después de este acontecimiento. Hay dos leones representados en el sarcófago de Ramsés II, que miran en direcciones opuestas, indicando que después de la catástrofe y, por lo tanto, después de la inversión de los polos, la era del León se invirtió.

Entre los leones hay un Sol que descansa en un cielo invertido, con la cruz de la vida vinculada a él. Simbólicamente, representa un renacer radical de la vida en la Tierra; también muestra la horrible posibilidad de una nueva catástrofe si las Leyes Celestiales no se respetan.

Este razonamiento profundo es la fuerza impulsora detrás de la creación de los enormes monumentos en honor a Ptah, que formaron el corazón de la nueva alianza con su Creador en el “Segundo Corazón de Dios”.

El Laberinto, de increíble tamaño, con sus tres mil habitaciones, no es el único ejemplo de esto. Para su construcción, que llevó trescientos sesenta y cinco años, se utilizaron imponentes monolitos: el templo de Karnak y las pirámides de Giza son otras muestras destacadísimas de la adoración a Ptah. En todos los templos se hallan himnos y textos en honor del Creador.

La profunda fe de esta civilización se origina en su resurrección en una nueva madre patria. Aun si la fantasía y los hechos se hubieran mezclado al cabo de miles de años, no habría ninguna diferencia. Los antiguos egipcios estaban completamente convencidos de que estas creencias heredadas eran verdaderas y basaron todas sus acciones en ellas.

Los supervivientes de la Atlantida. Después de la catástrofe

Esa noche, los sobrevivientes vieron los últimos espasmos de Aha-Men-Ptah. Después de gigantescos terremotos, la ciudad capital desapareció bajo el agua que subía, y un irreal brillo púrpura rodeó al continente que se hundía.

Desde sus botes, los sobrevivientes vieron cómo los volcanes que explotaban disparaban lava hacia el cielo, mientras que el inmenso continente descendía.

Había sido su madre patria por toda una eternidad, y ahora casi había desaparecido. No obstante, su sufrimiento no terminaría todavía, pues macabros haces de luz gigantescos bailaban alrededor de sus mandjits, a los que les costaba mucho mantenerse en pie con semejantes fuerzas huracanadas. Nadie sabía si sobrevivirían. La noche parecía durar una eternidad, mientras que la Luna y las estrellas hacían abruptos movimientos.

Otra vez, los volcanes estallaron y dispararon sus mortales restos más allá de los mandjits. Un fuerte olor a azufre llenó el aire, al tiempo que un apocalíptico y elevado pilar de brillante luz se elevaba por el cielo. Además, la noche continuaba; esto no era ninguna ilusión, sino una realidad matemática, porque la corteza terrestre se estaba corriendo miles de kilómetros. No sólo los sobrevivientes, sino también todo sobre la Tierra era arrojado en una gran conmoción. Florecientes civilizaciones que no tenían ninguna clave de lo que estaba sucediendo fueron barridas, decenas de especies animales encontraron su inevitable final, mientras el aspecto de la Tierra cambiaba drásticamente.

Las montañas surgían de la nada, al tiempo que otras regiones de la Tierra descendían con rapidez; el agua estaba por todas partes y se elevaba hasta alturas catastróficas, y los huracanes azotaban la superficie de la tierra. Durante estos acontecimientos, los sobrevivientes debieron mantenerse en pie, tarea muy difícil de cumplir en un mundo que se desvanecía.

Ocasionalmente, el cielo parecía que iba a aclararse, pero era sólo en apariencia. Por fin, un milagro tuvo lugar y un nuevo día empezó; gritos de alegría salieron de los pulmones de los pobres afligidos.

Sin embargo, una gran sorpresa se hacía visible en el cielo. ¿Era verdad lo que veían o era una ilusión? Tal vez un fenómeno celestial más difícil de entender todavía que el anterior creaba esta ilusión. ¿O no lo era? ¿Quién podría decirlo?

La omnipresente bruma maloliente persistía, haciendo difícil reconocer los rayos difusos, hasta que se tornaron más fuertes. ¡Anunciaban la salida del Sol por el Este! Gritos de sorpresa surgían de los frágiles botes, pues simplemente no podían creerlo. ¡El Sol salía desde el punto donde se había puesto!

Llenos de sorpresa señalaron el movimiento invertido del Sol; para muchos de ellos éste era un dilema incomprensible. Sin embargo, algunos sacerdotes pudieron comprender por qué la noche había sido tan dramáticamente larga. La Tierra solía moverse de Este a Oeste y, debido a la catástrofe, este movimiento se había invertido; por eso la fatídica noche había sido más prolongada. Además, la corteza terrestre se había desplazado, agregando más horas todavía a esa noche.

Una enorme ola, causada por gigantescos maremotos, llegó rodando hacia ellos. Esto captó por completo la atención de los sobrevivientes, quienes olvidaron el milagro y se concentraron en sobrevivir: permanecer vivos, ¡ésa era la misión!

Los mandjits se elevaron entre quejas: ¿Podremos superar esto?”, se preguntaban los exhaustos pasajeros; ya no podían aguantar por mucho tiempo más.

En condiciones normales, los botes podían soportar las más tempestuosas aguas del océano, pero esto era una acumulación de todos los desastres naturales posibles; nadie había experimentado alguna vez algo como esto.

Los nudos estaban desechos; las velas, desaparecidas; los timones estaban destrozados y los botes tenían filtraciones.

En resumen, la mayoría de los barcos ya no servían para navegar. En ese momento, no se dieron cuenta de que una nueva Ley Armónica Celestial estaba rigiendo: su Creador les había dado la posibilidad de construir una nueva existencia. Para ilustrar esto, el tiempo volvió a correr en un año solar, pero todos los cuerpos celestes se movían ahora en dirección inversa.

Varias horas más tarde, en ese día inolvidable, se hizo evidente que la armonía había vuelto a ser cíclica. Los elementos se habían calmado. En los días subsiguientes, personas destrozadas y con una palidez mortecina fueron arrastradas por la ola gigante hasta el sur de las costas de Marruecos, a lo largo de cientos de kilómetros. Esto había sido posible sólo por la frágil pero magnífica construcción de los mandjits, famosos porque no se hundían.

Gran cantidad de cadáveres llegaron a las nuevas costas, aumentando los riesgos de epidemias; por lo visto, su sufrimiento todavía no tenía fin. Durante muchas noches, vieron en sus sueños imágenes de cuerpos desechos, con los rostros contraídos y los ojos bien abiertos, en cuya mirada se había congelado el horror. Sólo unos pocos de sus desafortunados compatriotas pudieron ser enterrados. La gran mayoría fue enviada de vuelta al mar, donde las rompientes los arrastraron a las aguas más profundas, para convertirse en presa fácil de cangrejos, peces y tiburones.

Además de la inmensidad del mar, todavía podían divisarse algunos picos montañosos y volcanes que habían logrado escapar de la inundación. Un puñado de voluntarios empezó a buscar supervivientes y encontró algunos habitantes originales, que recibieron el nombre de “Supervivientes de las Islas Afortunadas”. Dichas islas conservaron esta denominación hasta el siglo XVI, cuando adoptaron el nombre de Islas Canarias.

En el lugar donde se reagruparon los sobrevivientes se fundó una ciudad, que recibió el nombre de Nut, la “Dama del cielo”, madre de Osiris y última reina de Aha-Men-Ptah. Actualmente, este lugar sigue llamándose Cabo Nut.

Las crónicas cuentan que alrededor de ciento cuarenta y cuatro mil personas sobrevivieron a la catástrofe. Lo extraño es que esta cantidad coincide con la prédica de los Testigos de Jehová, quienes anuncian que después del fin de los tiempos sólo ciento cuarenta y cuatro mil elegidos serán admitidos en el Paraíso.

Indudablemente, se basan en la historia egipcia. En los primeros días, la vida de los pasajeros estaba a la deriva, y una gran tristeza por la magnitud del evento les arrebató su impulso vital. Algunos estaban desesperados, destruidos por la tristeza provocada por la pérdida de sus familiares; otros meditaban sobre su situación; y había otros en un estado de conmoción tan profunda que se encontraban como en trance y miraban al vacío, sin ninguna expresión.

Nada volvería a ser como antes, y de eso estaban convencidos. Por ahora se encontraban a salvo, pero eso era todo; no volverían a ver a su país otra vez.

Durante ocho largos días, el Sol salió por el Este, cuando, repentinamente, aclamaciones de júbilo resonaron entre la multitud. ¡Neftis y los restos de Osiris habían desembarcado!

No obstante el hecho de que Osiris ya tenía una vida extramundana, él seguía siendo el Primogénito de Dios. Nadie supo por qué, pero todos recuperaron su fuerza y confianza. La hermana melliza de Isis, Neptys (junto con sus cuatro hijos) se reunió con su esposo, el sumo sacerdote; ella nunca había dudado de que debiera cumplir una misión divina. A la mañana siguiente, llegó un enviado trayendo la buena noticia de que Nut, la Reina Madre, ya estaba en camino, y la muchedumbre recibió su llegada con mucho entusiasmo.

De inmediato, ella ordenó fundar una nueva aldea, empresa que se cumplió con el esfuerzo mancomunado de todos. Luego indicó a los trabajadores que construyeran un alto muro de tierra alrededor de la aldea y, si bien no guardaba ninguna semejanza con su palacio de Ath-Mer. No estaba para nada triste. Se resignó pensando que esto era similar a los villorrios primitivos que se habían construido después de la catástrofe anterior.

¡Habían pasado miles de años y ahora se encontraban en el mismo punto de partida!

En este período de ajuste hubo un aspecto que pasó casi inadvertido. Después de haber tenido una visión, Neftis – junto a algunas mujeres – construyó un lugar para el descanso final de Osiris.

En la visión, le habían ordenado no sepultar el cuerpo del Primogénito ni sacar el cadáver de la piel de toro en la que estaba envuelto. Su esposo, el sumo sacerdote, protestó tibiamente contra esta medida, pero, conociendo los dones de vidente que ella tenía, no insistió en hacer lo contrario. Sin embargo, Nut, su madre, se negó a aceptar el postergado funeral.

Los “Anales de las Cuatro Horas” lo describen de la siguiente manera: —Sólo Isis puede tomar una decisión al respecto, pero no tenemos ninguna noticia de ella…

—Querida madre, ella está cuidando de su hijo, que está gravemente herido; en breve estarán aquí.

— ¡Qué buenas noticias! ¡Estaba tan preocupada! Dime, ¿no deberíamos pedirles a algunos de los hombres que los pasen a buscar? ¿Dónde se encuentra ella?

—Madre, no necesitan ayuda porque nos reuniremos con ellos. Prepare las chozas que sean necesarias para el séquito que los acompaña.

Mientras pronunciaban estas palabras, Isis, la esposa de Osiris, todavía sufría en el mar, preguntándose desesperadamente qué sería de su futuro. Como viuda y ex reina de un país que ya no existía, ese futuro parecía muy sombrío; sólo su hijo, Horus, le infundía el coraje para seguir viviendo. Volvió a quedarse dormida hasta que, de repente, oyó voces. Todavía exhausta, abrió los ojos y miró a su alrededor. La línea costera se encontraba muy próxima y el mandjit se detuvo con un sonido chirriante. Con sus últimas fuerzas arrastró a su hijo hasta la playa, lo más lejos posible, y lo acostó al amparo de unos árboles que habían sido derribados. En seguida un grupo de sobrevivientes los rodearon; habían ido tierra adentro y habían hallado montañas, por lo tanto habían tenido que regresar con las manos vacías. Si bien Isis se encontraba sumamente debilitada, la gente la reconoció de inmediato, y tanto hombres como mujeres se arrodillaron ante su presencia; con presteza construyeron dos camas para la familia real.

Esa noche, todos durmieron a su alrededor. A la mañana siguiente comenzaron la travesía; dos hombres transportaron a Horus. Se alegraron al reunirse con un grupo de veinte personas. Le dijeron a Horus que la Reina Madre estaba reagrupando a todos los sobrevivientes que quisieran fundar el “Segundo Corazón de Dios”. Entonces, él decidió caminar, hecho que limitó considerablemente la velocidad del grupo. Al cabo de un viaje de doce días arribaron a la aldea primitiva y, cuando lograron reunirse, una profunda dicha se apoderó de todos.

Mientras tanto, Seth había logrado reagrupar parte de sus tropas en un lugar situado a dos días de allí, camino al sur, en un pozo de agua llamado ELou- Na o “Los Escapados del cielo”.

Se sintió sumamente ofendido al enterarse de que su familia trabajaba en el establecimiento de una nueva vida. ¿Cómo podían su madre y hermanas hacerle esto? Juró venganza y, al poco tiempo, su cerebro enfermo hervía con nuevos planes. Cargado de furia les ordenó a sus tropas tomar la ciudad, pero éstas se rebelaron porque nadie sentía el deseo de continuar con la guerra. Por lo tanto, con la cabeza gacha, el tirano tuvo que reconocer su temporaria derrota.

Al mismo tiempo, Neftis le enseñaba a su hermana gemela:

“Los signos celestiales nos servirán de guía y nos permitirán descubrir por qué hemos pecado contra las leyes de Dios. El Gran Poder, el León, nos dominó y entonces se produjo la destrucción. Hace mucho tiempo ocurrió un desastre similar, bajo las mismas circunstancias, y Dios quiere que lo comprendamos.

Por eso nos enseñó, manifestándose por medio del Sol, y el León fue su verdugo. Ahora, recibimos conexiones armónicas de una nueva alianza con el León y su doble, para mostrarnos que el Sol ahora se mueve en sentido inverso en el León. Sólo el Descendiente puede crear la existencia de este lazo entre su pueblo y su Padre, Dios.

Ni bien tu hijo se recupere, será iniciado como Per-Aha y por medio de esta iniciación podrá restablecerse la Alianza con los Doce. Este lazo une la Tierra con los Cielos y protegerá a nuestro pueblo para siempre. El día que este vínculo se rompa, una catástrofe más horrible todavía destruirá nuestra civilización. No quedará nada más que piedras como símbolo de un glorioso pasado”.

Estas últimas palabras continuaron resonando de manera siniestra en los pensamientos de Isis y ella nunca las olvidaría. Algún tiempo después, Neftis consideró que ya había llegado el tiempo para cumplir con los designios de Dios, entonces tuvo el honor de ejecutar lo que Él había escrito. En presencia de su amado sumo sacerdote, Isis y sus  sacerdotes iniciaron la ceremonia:

“Que nuestro honorable sumo sacerdote pronuncie las palabras purifica-doras para despertar a Osiris de su largo sueño. Que el antiguo ritual para la protección de los vivos se desarrolle ante nosotros. ¡Que el Hijo del Primogénito sea restituido a sus seres queridos y todos sus descendientes!”.

Entonces, los siervos de Dios se dirigieron al cuerpo sin vida envuelto en piel de toro, los asistentes se arrodillaron y el sumo sacerdote pronunció estas claras y hermosas palabras:

“Alabad al Señor en este momento especial, para que nos ayude con su inmensa misericordia”.

Y continuó con las honorables palabras que serían guardadas para siempre, en el futuro Libro de los Muertos, como el Himno a Osiris:

“Honra a ti, Padre de todos nosotros, por todo lo bueno que nos has entregado después de nuestra llegada a esta tierra. Ven a nosotros, ¡oh!, Tú, Padre que todo lo sabes, para que podamos devolverte, al final de esta ceremonia, a Osiris, Tu hijo y padre de Hprus. Él proviene de Ti y regresó a Ti, Padre de los felices en la Vida Extraterrena. Pero te imploramos que nos lo devuelvas en su forma humana…”.

ERA DE LEO

Pasaron los siglos bajo el signo estelar del León. Hor-Ou-Tir, el faraón regente en ese período y descendiente lejano de Osiris, reunió a su consejo; ése sería un día muy importante para los habitantes de Ta Mana.

El faraón empezó a hablar con voz enérgica: —Estimados miembros del consejo, he convocado a esta asamblea extraordinaria porque el día de la gran partida está próximo. Debemos emprender la marcha juntos el día señalado por las “combinaciones matemáticas celestes”, para disfrutar sus bienhechoras influencias. Sin embargo, primero debemos resolver algunos problemas.

Con gesto majestuoso, se echó la túnica sobre los hombros y se sentó en el trono. Entonces, el sumo sacerdote tomó la palabra:

— ¡Que Ptah le otorgue a nuestro faraón una larga vida y una gran fuerza para destruir a todo aquel que se resista a las leyes de Dios! Somos todos descendientes del linaje de Osiris y nuestra victoria ya no está lejana. Por esta razón debemos resolver un dilema: la destrucción de otros como nosotros, los Ra-Seth-Ou, descendientes del apóstata Seth. Sólo entonces estaremos en condiciones de partir a nuestra Segunda Patria en paz y tranquilidad. Por lo tanto, este consejo debe hallar los hombres más apropiados para terminar favorablemente esta misión. Que la presencia de Dios nos ayude en estos tiempos memorables.

El sumo sacerdote se inclinó con dignidad frente al faraón y luego se puso de pie el presidente del consejo, quien empezó a hablar con voz resonante:

—Ya hemos hablado demasiado; es necesario formar un ejército de inmediato. Hace mucho tiempo, el Sol cambió su trayectoria en la era del León, pero ahora la dejará y, dado que debemos vencer a nuestros enemigos urgentemente, tenemos que irnos de inmediato. Todas nuestras acciones serán registradas en los anales. No olviden que nos aguarda una larga marcha, y no sólo deberemos defendernos, sino también lanzar contraataques para proteger a nuestras familias.

Tomando esto en cuenta, el faraón convocó al jefe de las tropas, Mash-Akher, quien anunció su punto de vista:

—Para conquistar a los rebeldes, oh, descendiente de Osiris, aquí te ofrendo mis hombres; estoy a tu disposición, oh, Amo representante de la eternidad en la Tierra. Sólo nos faltan las armas, pero, si el consejo está de acuerdo con mis planes, podremos tenerlas a nuestra disposición rápidamente.

Estruendosamente, el faraón se levantó del trono y dijo:

—Discutiremos tu propuesta en un minuto, pero, mientras tanto, te nombro capitán de mi guardia exclusiva.

Mash-Akher hizo una profunda reverencia y aguardó sus instrucciones. El Primogénito volvió a hablar:

—Te ordeno que sigas sus planes. El día que el Sol despierte por cuarta vez, todo deberá estar listo, porque será el día de nuestra gran partida. Yo mismo conduciré al ejército, será el día de los seguidores de Horus. Por decreto celestial, ordeno que esto se inscriba en los anales.

En la mañana del cuarto día, el sumo sacerdote vio un inmenso ejército de soldados. Miles de lanzas, hechas con el hierro que Osiris había descubierto, brillaban a la luz del Sol. Catorce siglos después de la lucha entre sus líderes legendarios, un nuevo enfrentamiento los aguardaba.

Bastante seguros de su victoria, los seguidores de Horus se arrojaron a la batalla. La lucha fue corta, sangrienta e intensa, y sólo unos pocos fueron apresados. Con voz estentórea el faraón dio la orden:

—Díganle a su jefe que no es necesario que nos sigan amenazando. Yo, Hor-Ou-Tit, faraón de sangre pura y descendiente de Osiris, soy el hijo de Dios y es Él quien me ha concedido esta victoria. Abandonaremos esta tierra, que no debe ser de ustedes y, por lo tanto, nunca lo será. Si llegáramos a encontrar a alguno de sus hermanos en nuestro camino, no tendremos ninguna piedad y lo mataremos. ¡Vayan y díganle esto a su jefe!

El Sol se encontraba en el punto donde concluiría la era del León. Con este auspicioso signo partieron hacia Ath-Ka-Ptha, el “Segundo Corazón de Dios”.

Esa misma mañana, Sirio había salido justo antes del amanecer. Este vigésimo segundo día de julio del año 8352 a.C. se inició una nueva era, con la larga marcha hacia la Luz.

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Una respuesta a LA ATLANTIDA. 3ª PARTE

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