LA ATLANTIDA. 4ª parte. EL ZODIACO DE DENDERA

Estimados lectores,

Continuando con la serie de artículos dedicados al Legado de la Civilización de la Atlántida, hoy le dedicamos este artículo al Zodiaco de Déndera.

Para la mayor parte de la gente el conocimiento de la Astronomía y la Astrología es un desierto desconocido, la mayor parte de la población vive en ciudades masificadas, polucionadas y sin visión de los cielos, y no tiene el más mínimo contacto con los Ciclos naturales y cósmicos, además del más mínimo interés. Al profundizar en la sabiduría maya y egipcia, se descubre el legado de unas culturas impresionantes, que te deja con una cara de asombro para toda la vida.

Sistemáticamente su cultura y sabiduría ha sido quemada y destruida (recordemos las diferentes quemas de La Biblioteca de Alejandría por los Romanos, el Antiguo Orden Mundial y posteriormente por los fanáticos cristianos, así como la destrucción de los códices mayas por los Conquistadores españoles y la Santa Inquisición), así como sus pobladores (se estiman que murieron 60 millones de nativos americanos durante la conquista). Estas civilizaciones sabiendo que iba a llegar una Edad Oscura en la Tierra con Imperios que iban a imponer el materialismo, la Guerra y el dogma de fe, y a sabiendas de que toda su sabiduría escrita sería destruida u ocultada, dejaron escrito en piedra y en su arquitectura, parte de su conocimiento e información para la futura humanidad, para que no olvidáramos nuestro propósito evolutivo Universal: “Traer el espíritu a la materia, y ascender la  Materia al Cielo”.

A medida que crecía mi experiencia en la observación, pude encajar las piezas de la Astronomía y la Astrología en una Divina Unidad, cuyo máximo exponente es el Zodiaco de Dendera, obra culminante de la Medida de los Cielos, “Las Combinaciones Matemáticas Divinas” de la Antigua Civilización Egipcia.

Esta curiosidad me llevó a una aventura fascinante  por la bóveda celeste, y a investigar muchas noches los movimientos de las estrellas. Me sirvió de gran ayuda el siguiente programa que os recomiendo: http://www.stellarium.org/es/

Pedimos prestado una parte de un texto de  Carlos Mesa y lo ampliamos con notas personales. http://www.carlosmesa.com/

Gracias a esta búsqueda he comprendido conceptos para mi antes desconocidos, como la Precesión de los Equinoccios, El Año Cósmico de 25.920 años, Las Eras del Zodiaco, El desplazamiento del eje de la Tierra durante el Año Cósmico y mucho más. He descubierto que parte del pasado e historia de la humanidad ha sido borrado y ocultado y a los investigadores que han descubierto pruebas y argumentos que se salían de la historia oficial, tachados de “herejes” y apartados de todo crédito.

A todos estos investigadores valientes como Graham Hancock,  Albert Slosman, Robert Bauval, Charles Hoopgood, y muchos más,  darles las gracias por buscar la verdad y luchar para que esta llegue a la Humanidad.

EL ZODIACO DE DENDERA

En la serie de artículos en este blog, se ha mencionado con asiduidad el zodiaco de dendera. Ahora vamos a explicar en profundidad todo su mensaje astronómico, tratando de analizar el significado astronómico y astrológico de cada símbolo. Vamos a recibir una magistral clase de Cosmología y de Jeroglíficos de los Sacerdotes-Científicos egipcios…..así que adelante.

Fig 1. Zodiaco de Dendera en el Museo del Louvre.

UN POCO DE HISTORIA

En 1976, Albert Slosman, profesor de matemáticas, doctor en análisis informático y participante en los programas de la NASA para el lanzamiento de los Pioneer sobre Júpiter y Saturno en 1973, 1974 y 1975, publicó en París un libro titulado “El gran cataclismo”. En este libro sensacional se relata con todo lujo de detalles un acontecimiento ocurrido hace 12.500 años: el hundimiento de la Atlántida descrito por Platón en Timeo y Critias.

La resonancia del libro de Slosman fue escasa ya que pasó por ser un libro más sobre el tema Atlante (más de 12.000 títulos a lo largo de la Historia) con unas hipótesis curiosas ignoradas por los científicos oficiales. Dos años más tarde salió a la luz “Los supervivientes de la Atlántida”, donde se describe la gran migración de los Atlantes desde el continente hundido hasta Egipto con arreglo a una nueva lectura de 1os textos jeroglíficos, que culminó con la publicación en 1979 de “El libro del más allá de la vida”, más conocido como el “Libro de los muertos”.

Es muy probable que Albert Slosman acabe siendo reconocido como uno de los más grandes Egiptólogos de todos los tiempos, aunque hasta 1972, año en que pasó cuatro meses en Egipto, no se dio cuenta, de que se le habían abierto unos horizontes absolutamente fantásticos sobre la antigüedad Egipcia.

De todos los lugares fascinantes de Egipto, Déndera fue el que más le apasionó, por ello se centró en el estudio de su famoso Zodíaco, que fue encontrado por casualidad o CAUSALIDAD durante la campaña Egipcia de Napoleón. Cuando el ejército del sur, al mando del general Desaix, iba en persecución del ejército Mameluco, tanto hombres como animales estaban agotados y el general ordenó un alto para descansar en las arenas del desierto y descargar los camellos. Bajo el peso de una caja de municiones se abrió un hueco en el suelo y ésta se hundió en él. Los soldados se asomaron por el agujero y descubrieron que la caja había caído dentro de una sala casi llena de arena, a la que no tardaron en bajar.

El ejército iba acompañado por una veintena de sabios que entraron tras los soldados y se encontraron con que el techo de aquella cámara era un maravilloso mapa celeste. Acababan de descubrir en el fastuoso templo de Déndera, medio enterrado entre las arenas, su asombroso Zodiaco.


UNA LOSA DE 20 TONELADAS

Las dimensiones originales de la losa en la que se había esculpido el Zodíaco eran de 3,60 metros de largo Por 2,40 de ancho y un grosor de 90 centímetros, lo que significaba un peso entre 20 toneladas. Para aligerar el peso, M. Lelorrain, el héroe encargado de desmontarlo y transportarlo a Francia, decidió cortar dos series de líneas en zigzag, que tenía la piedra en su parte más larga, con el fin de cuadrarla. Con esto eliminó el jeroglífico que representaba el gran cataclismo, ya que en la lectura de los jeroglíficos el agua se representa con una línea quebrada; el plural de las aguas son dos líneas; con tres la crecida del Nilo y el diluvio con cinco líneas quebradas. Como el Zodíaco de Déndera está rodeado de ocho líneas, nos encontramos con un Superdiluvio, de ahí la idea de llamarlo “El gran cataclismo”.

Fig 2. Dibujo del Zodiaco de dendera completo

La campaña de Napoleón en Egipto, puso de moda en Europa todo lo Egipcio y la llegada de la losa esculpida con el Zodíaco produjo una profunda perturbación en las academias de sabios. Durante un periodo de diez años se publicaron 432 estudios entre San Petersburgo, Berlín, Londres y París, los cuales serían comentados en gran parte por Slosman en sus libros.

Hubo tres clanes de grandes sabios en pugna constante. El clan de Cuvier y Monge afirmaba que los relieves y las pinturas del templo eran Griegos y que habían sido datados en el siglo II AC y en consecuencia, no tenían nada de Egipcio. Eran bellas pinturas y nada más.

El equipo de Jean François Champollion decía: “Ustedes no tienen todo en cuenta”. Si estas doce constelaciones están sobre el Zodíaco en relación con Sirio, Orión y los planetas, su emplazamiento se establece con referencia a las estaciones Egipcias y no a las Griegas, es decir que la antigüedad hay que datarla en dos mil años antes de Cristo y no en doscientos.

Un tercer clan, el de los astrónomos de Charles Dupuis, replicaba: “Todos ustedes están en un error, porque todas las constelaciones están conducidas por la de Leo, que está sobre una barca. En esa época el Sol estaba en la constelación de Leo, por tanto, es el cielo de hace doce mil años, no dos mil ni doscientos”.

En escena apareció un cuarto y potente clan representado por el Arzobispo de París, que amenazó con la excomunión a quienes mantuvieran tales tesis. No hay que olvidar que esto tenía lugar en 1.820 y según la Iglesia (el Vaticano), la creación del mundo había tenido lugar cuatro mil años antes de Cristo; Adán, el primer hombre, había aparecido cinco mil años atrás y la Tierra no tenía una antigüedad superior a seis mil años. Así pues, hace sólo ciento setenta y cinco anos que los sabios conocían que el mundo existía desde hacía más de seis mil años pero no podían decirlo por el riesgo que corrían. La tradición estaba establecida y nadie se atrevía a cuestionarla.

Hasta 1.956 la Comisión Bíblica no solicitó un restablecimiento de la verdadera cronología de esta parte del Antiguo Testamento. Sin embargo, en 1.995 todavía se siguen datando los monumentos Egipcios en función de la decisión del Arzobispo de Paris, Monseñor Affre. El año actual corresponde, en cambio, al 5.756 del calendario judío, que arranca, según una tradición, desde la creación del mundo y según otra, de la salida de Abram (que después fue Abraham, hijo de Thera, de Ur). Es curioso que Ur signifique Luz y que el padre de Abraham se llamara como la isla que algunos han asociado a la Atlántida o a una colonia Atlante.

Según afirma Slosman, es posible hablar de sus descubrimientos sobre Déndera porque se dispone de escritos desde cuatro mil, hasta mil años antes de Cristo, en los que se habla de Déndera y sus reconstrucciones, así como lo que entre los años 1.840 y 1.870 opinaron Mariette, Máspero, etcétera. Su mérito ha sido ratificar sus descubrimientos e ir más lejos.

El templo de Déndera, es el templo de la Diosa Hathor, La Dama del Cielo y todos los fundamentos de la Astronomía y de la Astrología parten de allí, y así fue a lo largo de sus reconstrucciones, ya que la que actualmente contemplamos es la sexta reconstrucción sobre los únicos cimientos originales, que se remontan a los arquitectos Sucesores de Horus (SemSu-Hor), que fueron los primeros supervivientes llegados a las orillas del Nilo, tras el cataclismo Atlante. Existe un papiro del escriba del faraón Keops a quien se atribuye la construcción de la Gran Pirámide (aunque probablemente sea muy anterior) que se conserva en el Museo de El Cairo, en el que se precisa que, por orden de Khufu (Keops), el Templo de la Dama del Cielo de Déndera será reconstruido por tercera vez, sobre el mismo emplazamiento y según los planos establecidos por los sucesores de Horus, sobre pieles de gacela y salvaguardados en los archivos del Rey.

LOS ARGUMENTOS DE LA FONÉTICA

Otro aspecto fundamental de las investigaciones de Slosman se refiere a la fonética. El punto de partida es el capítulo XVII del Libro de los Muertos, porque a través de él se llega a la Atlántida. En ese libro se habla del Más Allá, pero en este caso se trata del nombre de un país que fue sumergido por la cólera de Dios. Ese país se llamaba AHA MEN PTAH (Amenta para los Griegos; Amenti, en castellano), el Reino de los muertos, pero que en su traducción exacta quiere decir: Primer corazón o corazón primogénito de Ptah. (Según multitud de textos Ptah es el Dios Único, el Dios Eterno, el Todopoderoso).

El hilo conductor que enhebra Déndera y el gran cataclismo, es ese capítulo XVII, que establece la situación desde los ancestros, y los ancestros son los Faraones, porque Faraón es de nuevo una palabra Griega, que en jeroglífico es PHER AON, PER AHA, lo que significa: Descendiente del Primogénito y el primogénito es Osiris.

Toda la trama se explica a lo largo de un extenso texto en el que se cuenta, que los primogénitos se encontraban en ese otro país, AHA MEN PTAH, que fue engullido por el Mar. Los supervivientes establecieron ATH KA PTAH, que significa Segundo corazón de Ptah, cuya fonetización Griega es Egyptos. Si según apuntan todos estos datos, hubo un enorme cataclismo que sumergió todo un continente, éste tuvo que ser la Atlántida. Los textos de Platón hablan de ello claramente. Él mismo dijo que fue Solón quién le inspiró. Timeo y Critias, y Solón que vivió siete años en Egipto y aprendió con los sacerdotes de Sais, todo lo referente al continente sumergido, así como en los jeroglíficos, que leía y comprendía.

EL GRAN CATACLISMO QUE SUMERGIÓ LA ATLÁNTIDA

Es preciso tener en cuenta que cataclismos de esta magnitud se han repetido con cierta periodicidad, y remito al lector al magnifico estudio realizado por Juan Bonet, magnífico investigador, que en su libro: El vuelco de la Tierra, editado por la Universidad de Navarra, describe los cuatro vuelcos habidos ya en nuestro planeta y apunta además la posibilidad de un próximo quinto vuelco (vuelcos de aproximadamente 180º grados) con el consiguiente cataclismo.

Todos los vuelcos habidos son asociables a los diversos relatos de diluvios de las distintas leyendas y tradiciones, que siendo muchos pueden reducirse a cuatro, coincidentes en sus características con los cuatro vuelcos mencionados. Precisamente el último, que coincidió con el final de la última Glaciación (el que originó tal final), fue el que hundió la Atlántida, recogido en la epopeya de Gilgamés y en el diluvio bíblico de Noé.

A este respecto Slosman cuenta, que los sacerdotes que estaban al corriente de lo que iba a ocurrir, habían hecho construir decenas de miles de embarcaciones insumergibles, que llamaban Mandjit y no sólo sirvieron para salvar a una parte de la población, sino que fueron utilizadas también por sus descendientes. Son esas Barcas Sagradas que se encuentran por todas partes, en las que se habían salvado Osiris, Isis y Horus.

Cuando la Tierra volcó girando 180º sobre el eje, el movimiento aparente del Sol primero se detuvo y luego el cielo pareció desplomarse. A continuación, el Sol retrocedió en su curso para ponerse por donde había salido, todo ello en un tiempo brevísimo. Después, acompañado de gigantescos terremotos se produjo la gran inmersión y la desaparición del Sol.

Los supervivientes escaparon en todas direcciones, pero una buena parte de ellos se dirigieron hacia lo que había sido hasta entonces, la Tierra de Poniente, que es precisamente lo que significa la palabra MOGHREB, la costa de Marruecos. Desde allí se dirigieron en un largo éxodo hasta el Nilo.

LA TEOLOGÍA ORIGINAL DEL MUNDO

El mencionado capítulo XVII del Libro de los muertos recoge, en realidad, la Teología original del mundo de la cual todas han derivado. Una teología sorprendente porque es absolutamente monoteísta e idéntica al Dios de Abraham y de Moisés. Según Slosman, el Antiguo Testamento no es sino una copia de esta Teología original, en la que se olvida demasiado fácilmente que Moisés era Príncipe de Egipto y por tanto, que había sido elevado a Gran Sacerdote porque estaba destinado a ostentar el cetro.

El propio Aristóteles, en el Tratado de Filosofía según los Egipcios, se refiere a los jeroglíficos, que es más que probable que conociera perfectamente en su dimensión de lengua sagrada porque escribe:

“Los Egipcios, habiendo conocido las formas espirituales, se expresaban por una doctrina intelectual superior a los métodos humanos. Grababan estos conceptos sublimes por medio de figuras, tornando las piedras de los muros de sus templos. Las usaban tanto para todas las ciencias, como para todas las artes, con el fin de indicar que el espíritu inmaterial lo había creado todo a partir de los modelos particulares de cada ser”.

Y Slosman añade: En todos los tiempos estos jeroglíficos fueron objeto de una consideración respetuosa, porque estas imágenes no podían ser más que portadoras de un mensaje celeste: El de la Ciencia Divina. Su significación simbólica sólo podía ser, sin duda, mística e iniciática. Esto significa, sobre todo, que los jeroglíficos tienen una base ideográfica, altamente espiritual, y que por esta razón la mayoría de los signos no eran comprensibles para el pueblo. Es decir, que existía un lenguaje popular que se leía en alta voz y que por consiguiente era hablado. Fue llamado más tarde lenguaje Demótico. Por tanto, se ha de suponer que el jeroglífico no era más que un lenguaje escrito destinado a la conservación de la Tradición Original.

Los griegos llamaron a los jeroglíficos Lengua Sagrada. Podemos entender, que es así, porque los primeros datan de Menes, y cuando los volvemos a encontrar 4.000 años más tarde sobre la Piedra de Rosetta, los signos son absolutamente idénticos. En 4.000 años no se ha cambiado ninguno. Sin embargo, había dos lenguas habladas, el Demótico y el Hierático, que en 500 ó 600 años sufrieron cambios enormes, hasta el extremo de que al cabo de 1.000 años, ya no se comprendían.

EL GRAN CATACLISMO FINAL
Este dibujo aparece en los principales templos Egipcios y su importancia radica en que permite leer sin la aportación de ningún texto escrito la totalidad de la escena primordial del Gran Cataclismo, origen del hundimiento de AHA MEN PTAH, el Edén desaparecido. La triada divina estaba a la cabeza de los evadidos, que se han convertido en supervivientes de la Atlántida, originando gracias a Hor (Horus) una dinastía de Faraones o hijos de Dios.

En primer lugar, se encuentra Nut, la reina virgen, madre de Usir (Osiris). Por haber enviado al mundo al primogénito de Dios, sube al cielo desde donde protege a los hermanos menores. Por esto, se identifica a la reina Nut, con la Vía Láctea. Aquí se la ve con el cuerpo constelado de estrellas, formando un puente entre Oriente y Occidente como El Gran Río Celeste. Desde el oeste, lugar donde tuvo lugar la terrible catástrofe, el mar ha sumergido toda la tierra del inmenso continente y sobre su superficie sólo quedan las Mandjits, embarcaciones insumergibles concebidas para asegurar la supervivencia.

Sobre la barca de la izquierda se encuentra Osiris, con la cabeza vendada. La mitad trasera de un león esta apoyada sobre las vendas, representando el desorden. El trastorno y la ruina que se ha producido durante el paso del Sol, en la constelación de Leo en movimiento retrógrado. Al lado de Osiris está su hijo Horus, representado por el halcón y portador del Sol. Porque, de su supervivencia depende el renacimiento de los evadidos. Como ha sido gravemente herido y apenas tiene un hilo de vida, la Cruz Ansata, Ank, está ensangrentada, lo cual no ocurre con la que lleva Iset (Isis), la madre de Hor y esposa de Usir. Ella lleva sobre la cabeza el alma de los escapados, simbolizada por una pluma verde de avestruz. La Mandjit de la derecha, ha superado las dificultades con la ayuda de un velamen de fortuna. Ha llegado a Oriente, a TA MANA, el lugar del ocaso.

Estamos ante uno de los templos más bellos de todo Egipto. En él abundan de modo abigarrado inscripciones y jeroglíficos, junto a enormes relieves y pinturas que no incluyen una sola palabra de texto. Esto es lo que ocurre con sus dos “zodíacos”, porque en Déndera no hubo uno, sino dos. El conocido y circular, que fue robado por Napoleón y llevado a Francia cortado en pedazos. Se contempla en el Museo del Louvre.

El otro zodíaco, rectangular y menos conocido, está bellamente pintado con armoniosos colores, que aún se conservan, y ocupa una larga franja a todo lo largo del techo de la sala hipóstila.

Fig x. Zodiaco de Dendera Rectangular

En los zodíacos no hay nada de texto en ellos, tampoco en los originales. Nada, ni una sola frase. Existen diversas interpretaciones sobre su contenido. En el Museo del Louvre te ofrecen una según la cual, el circular, era un calendario astronómico donde pueden leerse incluso predicciones de eclipses. Otros afirman que sólo es un grabado que contiene la clásica división zodiacal griega del universo.

Slosman se sumergió en la exploración documental referida al hundimiento de un continente situado en el Atlántico, a la supervivencia de muchos de sus habitantes, al éxodo de éstos a través del Norte de África y a su posterior asentamiento en Egipto. Veamos cómo procedió en las pesquisas que lo llevarían a articular la teoría que para él era certeza.

Comencemos con el significado del nombre jeroglífico del continente que hoy conocemos como la Atlántida a través de los textos de Platón.

En lenguaje jeroglífico, esta tierra desaparecida era conocida como Ahâ-Men-Ptah, o “Primogénito-Durmiente-de-Dios”, denominación que experimentó posteriormente una contracción en el conjunto de textos que conforman el denominado -impropiamente, según Slosman- Libro de los Muertos: El Amenta. El nombre, sin embargo, continuaba evocando el significado original de “País de los Muertos”, “País de los Bienaventurados”, y “País del Más Allá”.

Por su parte, los sucesivos monarcas de este continente fueron, tradicionalmente, los Ptah-Ahâ, cuyo significado, en la lengua jeroglífica, es el de “Primogénito-de-Dios” puesto que, en efecto, todos los reyes descendían por línea directa del primer Hijo de Dios, es decir, el Primogénito.

Siempre siguiendo la traducción e interpretación de Slosman, tendríamos que Ahâ se pronuncia Ahan y que Ptah también se escribe Phtah, de su fonetización en lengua griega, en la que la letra pi se convierte en phi (fi), por lo que Phtah-Ahan fue fonetizado “Faraón”, que de Primogénito-de-Dios pasó a ser “Hijo-de-Dios”.

Y de la misma manera se explicaría el que Ath-Kâ-Ptah (Segundo-Corazón-de-Dios) se convirtiera, en la fonetización griega, en Aegyptus, Egipto para nosotros.

El de Déndera es un templo cuya actual reconstrucción es la sexta, realizada por Ptolomeo II Evergetes, pero siguiendo escrupulosamente los planos originales del primer templo construido en el mismo enclave. Y es a este preciso emplazamiento a donde los bisnietos de los supervivientes del éxodo del Gran Cataclismo llegaron en primer lugar. Allí, en sus muros, Slosman pudo leer:

En el principio, estas palabras enseñaron los Ancestros, aquellos Bienaventurados de la Tierra primera: Ahâ-Men-Ptah. Los que convivían con las Creaciones del Corazón-Amado: el Corazón-Primogénito.

Estas fueron las primeras palabras:

Yo soy el Muy-Alto, el Primero, el Creador del Cielo y de la Tierra, yo soy el diseñador de las envolturas carnales y el proveedor de las Parcelas divinas. Yo he colocado el sol sobre un nuevo horizonte como gesto de benevolencia y testimonio de Alianza. He hecho elevarse al Astro del Día sobre el horizonte de mi Corazón, pero para que así sea he instituido la Ley de la Creación que actúa sobre la Parcelas de mi corazón para animarlas en los [corazones] de mis Criaturas. Y así fue.

La actuación de esta Ley sobre las criaturas tiene lugar -así cuenta Slosman que se desprende de los textos jeroglíficos grabados en los muros del templo de Déndera- a través de los “Doce”, que son los Doce Soles de las doce constelaciones ecuatoriales celestes, cuya mecánica y funcionamiento recibe, en lenguaje jeroglífico, el sugerente nombre de “Combinaciones-Matemáticas-Divinas”. Según los mencionados textos, estos Doce Soplos, o Hálitos que conforman el ecuador celeste, llevan el nombre de “Cinturón” y de él emergen Cuatro Primogénitos, Cuatro Soplos llegados desde los cuatro puntos cardinales: los Maestros, cuya personificación son los Cuatro Hijos de Horus, que aparecen citados a menudo en numerosos versículos con sus propios nombres y que son, además, quienes imprimen el esquema vital fundamental del alma de las criaturas.

Este principio, tan resumidamente expuesto, es el que los sucesivos sacerdotes transmitieron durante milenios, como secreto sagrado, únicamente a los sumos sacerdotes en la “Casa-de-Vida”, contigua al “Templo-de-la-Dama-del-Cielo”, en Déndera.

Esta antigua “Escuela”, cuyo origen se remonta a la mismísima llegada de los primeros supervivientes, está autentificada no sólo por los textos, sino también por las sepulturas sacadas a la luz bajo la colina de los Pontífices, a menos de tres kilómetros del templo. Allí reposan los “Sabios entre los Sabios”, los Bienaventurados que poseyeron el Conocimiento de la voluntad divina. Uno de ellos impartía enseñanza bajo un “Maestro” de la II dinastía, en el cuarto milenio antes de nuestra era; otro bajo Khufu (Keops), cuyo escriba real señala que el templo fue reconstruido por su señor (fue ésta la tercera reconstrucción) siguiendo los planos encontrados en los cimientos originales, escritos sobre rollos de cuero de gacela por los “Seguidores de Horus”, es decir, por los propios Primogénitos, mucho antes de que el primer rey de la I dinastía ocupase el trono.

Fueron, por tanto, estos descendientes directos quienes transmitieron la Ley divina, cuyas “Combinaciones-Matemáticas” permitirían a los hombres regirse por si mismos según cánones de Justicia y de Bondad.

Los ancestros escribieron asimismo:

Yo soy Yo, nacido de si mismo para convertirse en el Creador de Imágenes a su semejanza, tras la salida del Caos. Ellas [las imágenes] son los recipientes de las Parcelas divinas, que las convertirán para siempre, a su vez, en los Bienaventurados del Sol naciente, mientras observen una estricta obediencia a mi Ley. Pues yo soy el Pasado de Ayer que prepara el Porvenir del Sol gracias a los Doce.

Los pontífices de Ahâ-Men-Ptah habían delimitado perfectamente el problema, ciñéndose con exactitud a los poderes directos que atribuyeron a las diversas soluciones combinatorias, remontándose a muy atrás en el tiempo para apoyar sólidamente sus observaciones. De ahí la acumulación de precisiones acerca de los poderes de los “Doce”.

Para hacernos cargo cabalmente de todo ésto tendríamos que partir, dice Slosman, no sólo de diez milenios atrás, sino de hace veinticinco mil años, época en la que Ahâ-Men-Ptah existía como un continente de clima templado, vegetación exuberante, numerosas especies de una fauna hoy ya extinguida en su mayor parte, y en el que la especie humana habitaba pacíficamente en auténticas ciudades edificadas.

Ahâ-Men-Ptah debió sufrir una primera devastación volcánica que provocó un importante hundimiento de tierra que formaría el Mar del Norte, esculpiendo innumerables brechas en la actual Islandia. Un período de fuertes heladas se instaló en esta parte del mundo, acumulando hielo en un casquete polar uniforme. La propia Siberia, que era entonces una región bastante templada, vio cómo desaparecía su lozana vegetación y eran aniquilados los mastodontes que no pudieron escapar a tiempo de las heladas.

Tras esta “advertencia”, y a partir de este dato, comienza realmente la historia de Ahâ-Men-Ptah, y la cronología va a utilizar este trastorno, que la memoria humana ha “legitimado”, para remarcar los anales de un principio característico.

En efecto, los eruditos de estos primeros tiempos comprendían cada vez mejor los movimientos y las combinaciones celestes, así como los fenómenos beneficiosos o perjudiciales resultantes de ellos. A partir de este momento se instituye un método gráfico figurativo a partir de la observación atenta y de la anotación meticulosa de la marcha de los planetas, del sol y de la luna, sus figuraciones y sus configuraciones, así como las formas más geométricas de las doce constelaciones de la elíptica ecuatorial celeste, y aún las más lejanas de Orión y Sirio, de singulares características. De aquí derivaron las repercusiones de las Combinaciones sobre la Tierra, tanto en relación al comportamiento humano, como a la evolución de la Naturaleza.

Después de este minicataclismo, la vida de Ahâ-Men-Ptah se reagrupó más al sur y transcurrió apaciblemente durante cincuenta siglos, hasta el momento en que nació el primer Ahâ, el Primogénito Usir, u Osiris, engendrado por la Divinidad en Nut, inminente esposa de Geb (que fue debidamente prevenido del hecho) quien, por su parte, sería el penúltimo rey de aquella tierra.

Geb desposó, pues, a Nut y tras el nacimiento de Usir, la pareja tuvo tres hijos más: Usit, cuyo nombre en la rebelión posterior pasó a ser Sit (Seth en griego) y dos gemelas llamadas Nek-Bet e Iset, tambien conocidas como Nephtys e Isis, de las cuales la última se convirtió en la esposa de Usir.

A esta pareja, Usir e Iset, los augures anunciaron que el Hijo que les nacería sería el generador de la nueva nación que surgiría de los supervivientes del Gran Cataclismo. Nació, en efecto, un varón al que se le impuso el nombre de Horus.

Y fue poco antes de que Horus sucediese a su padre, cuando Usit atacó la capital de Ahâ-Men-Ptah con tropas rebeldes reclutadas al efecto, iniciando así el proceso de hundimiento del continente, pues al asesinar a Usir a lanzazos, la cólera de Dios se desencadenó sobre las criaturas y sobre Su creación.

Podemos imaginar, tal vez, siniestros crujidos alzándose desde las profundidades de la tierra y volcanes tranquilos desde hacía milenios activándose de repente y expulsando toneladas de lava desde sus cráteres recién abiertos; una lluvia de piedras solidificadas y de residuos de todo tipo abatiéndose sobre una multitud enloquecida que corría hacia el puerto donde las barcas “mandjit”, reputadas de insumergibles aguardaban, estrechamente vigiladas, a fin de que la evacuación pudiera llevarse a cabo de la manera más organizada posible, si bien la falta de visibilidad y el caos reinante lo hicieron impracticable y la mayoría pereció. Era el fin de todos y de todo. La capital y el continente entero se hundieron rápidamente en el agua.

Esto ocurría, según Slosman, el 27 de julio de 9792 antes de nuestra era, fecha que consideraba inequívoca gracias a la lectura e interpretación de los acontecimientos narrados en el planisferio celeste grabado en el techo de una de las salas del templo de Denderah, más conocido con el nombre de “zodíaco”.

¿Pero qué dice el zodíaco o planisferio de Déndera, según una concepción más aproximada a la astronomía?

ESTUDIO DEL ZODIACO DE DENDERA

Después de ver el video, primeramente vamos a hacer un zoom sobre la parte central y desentrañar sus símbolos y significado:

Constelaciones circumpolares:

Fig 3. Constelaciones Circumpolares en el Zodiaco de dendera

En la parte central del Zodiaco aparecen “Las Imperecederas” los símbolos de las constelaciones circumpolares y en un lugar destacado y central aparece la Hipopótama Tuaret, que sería nuestra constelación de Drago actual, otras constelaciones que podemos identificar de forma razonable, son la Pata de toro que sería nuestra Osa Mayor y el pequeño chacal con la azada, identificado como el dios Upuaut, «el abridor de caminos» que sería la Osa Menor representando la azada las estrellas principales de esta constelación. Aquí nos está indicando claramente la importancia de las constelaciones circumpolares y su ciclo de movimiento en relación al eje de la Tierra durante la precesión de los equinoccios. 

Para conocer más sobre la precesión de los equinoccios leer el artículo de este blog

https://conscienciadespierta.wordpress.com/2010/12/20/el-misterio-de-la-piramide-y-la-esfinge-de-guizeh/

En esta parte del zodiaco nos indica claramente el movimiento del eje de la Tierra alrededor de las constelaciones circumpolares.

Fig 4. Precesión de los equinoccios

Fig 5. Constelaciones circumpolares

En la Fig 5, podemos ver que la estrella polar actual es Polaris de la Osa Menor, es decir sería la pata delantera de la Constelación del Chacal o Dios Upuaut en el zodiaco egipcio.

En el Zodiaco de Déndera la Constelación que ocupa una posición central es la Hipopótama Tuaret, es decir la constelación de Drago. Como veremos más adelante en la configuración de los planetas, veremos que estos apuntan con sus varas al pecho de Tuaret, que sería la estrella Thuban de la Constelación de Drago. Aquí los sabios egipcios nos están indicando la Era en la que este Reloj cósmico esta apuntando, Thuban es  la estrella polar que marca el Norte de la Tierra en el 4.320 a.C. Como veremos más adelante, coincide con la disposición del Punto Vernal en el Zodiaco de Dendera en la Constelación de Tauro :

ERA DE TAURO

El PUNTO VERNAL se traslada al comienzo de TAURO SIDERAL, cerca de la constelación de ORIÓN. Hemos retrocedido 6.480 años en el tiempo, en el 4.320 a.C. Era de Tauro, Apis o Mentoe.

Fig 6. Zodiaco Tropical-Sideral Era de Tauro, 4320 a.C.

Aproximadamente en esas fechas, leemos los acontecimientos singulares que Albert Slosman tradujo de los jeroglíficos del Templo de Dendera durante la Era de Tauro; de su libro “Y Dios Resucitó en Déndera”:



Según los textos de los jeroglificos, nos señalan dos momentos culminantes durante la Era de Tauro:

1. El 24 de Mayo del año 4608 a.C., con la victoria de las tropas de los SEMSHU-HOR (seguidores de Horus) contra las de Seth.

2. 15 de Junio del 4244 a.C el renacimiento de los supervivientes en un Segundo Corazón de Ptah o Ath Ka Ptah (Aegyptus).

LOS PLANETAS

En el Zodiaco de Déndera son reconocibles los planetas de nuestro sistema solar y estos son:

Fig 7. Planetas del Zodiaco de Dendera

Vamos a ver los nombres que reciben “Las Errantes” según la traducción que encontró Albert Slosman en los jeroglíficos del Templo:


Se distinguen a Horus-Ra sobre una barca solar, EL SOL; el jeroglífico con dos caras a la izq y dcha es el planeta Venus o Hor-Hen-Nuit, lucero del alba durante 225 días, y lucero de la noche durante 225 días (¡que ingenioso la forma de representarlo!); Marte el planeta rojo es Hor-Py-Tesch; Mercurio es Hor-Sep-Ptah, Jupiter es Hor-Cheta; y Saturno es Hor-Sar-Ker.

LAS CONSTELACIONES O ZODIACO SIDERAL

Siguiendo con la representación del Reloj Cósmico Egipcio, pasamos a las constelaciones:

Fig 8. Constelaciones Zodiaco Sideral en Dendera

Los comentarios sobre las constelaciones siderales  y los jerogíficos de Albert Slosman,          (ponte cómodamente y paciencia para leer y comprender todo lo que viene a continuación). Pincha en las imágenes para ver la página completa:



 













El dibujo con las 12 constelaciones siderales tal y como se representaría en la Astrología moderna sería:

Fig 9. Zodiaco de Dendera Sideral con los planetas

Podemos ver que las 4 Isis de pie y 8 Horus arrodillados, separan el Zodiaco Sideral en 12 sectores de 30º cada uno. También hemos ubicado los planetas con sus símbolos utilizados en la Astrología actual.

Aquí se abre una reflexión bastante profunda, que me hizo estrujarme el intelecto hasta la extenuación. ¿Cómo es posible que el Sol se encuentre en la Constelación de Escorpio? Si observamos el ciclo de la precesión de los equinoccios: Leo-Cáncer-Géminis-Tauro-Aries- Piscis. El secreto lo descubrí cuando el Dr Hossam me descubrió donde estaba el Zodiaco Tropical, que desvelaré en el siguiente capítulo………continuará

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4 respuestas a LA ATLANTIDA. 4ª parte. EL ZODIACO DE DENDERA

  1. Pingback: LA ATLANTIDA Y EL 2012. 4ª parte. EL ZODIACO DE DENDERA | virgiliotovar

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  3. Leomer Pereira dijo:

    Una excelente recopilación sobre tan apasionante tema. Gracias por divulgarlo

  4. nibya leiby dijo:

    estupendo, muchisimas gracias.

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